| CASO 1: Paciente de 60 años con una calidad ósea tipo II que presenta la dificultad de un reborde de la
cresta en filo de cuchillo cuya eliminación
dejaría el maxilar sin espacio vertical suficiente.(Fig.3), para un tratamiento
implantológico predecible.
fig 3
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fig 4
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Se lleva a cabo un cuidadoso abordaje crestal, con descargas mesial y distal, para
levantar un colgajo a espesor total. El primer paso para la obtención del alvéolo
quirúrgico, es el punteado y perforación de la cresta mediante la fresa lanceolada.
(Fig. 4).
Posteriormente y a través de ese primer orificio se va ensanchando de forma paulatina
el alvéolo quirúrgico mediante el roscado de cada uno de los expansores hasta obtener el
diámetro deseado en nuestro alvéolo quirúrgico. (Figs. 5, 6 y 7).
Los expansores siguen una guía de colores exacta a la del material de endodoncia para
su mejor comprensión, y están ranurados verticalmente
a 10, 12 y 14 mm. para controlar la profundidad.
Para un implante de 380 de diámetro basta realizar el roscado sucesivo de los
expansores de color amarillo, rojo y azul con el que se obtiene una embocadura del
alvéolo suficiente.
En este caso, en que la calidad ósea es la adecuada para la colocación de implantes,
el alvéolo en su zona apical se obtiene con el fresado convencional ya que el espacio es
suficiente una vez obtenida la expansión de la unión de las corticales vestibular y
palatina. (Fig.8).
fig
8
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Tras la obtención del espacio deseado el implante roscado provoca unas mínimas
dehiscencias que se cubrirán con el periostio sin necesidad de añadir ningún otro
material. (Figs. 9, 10 y 11).
El periostio es la membrana que nosotros utilizamos siempre que nos es posible ya que
no existe en el mercado ninguna otra que como ésta tenga poder osteogénico (8)
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