| Introducción El fin del presente
artículo es la presentación y desarrollo de dos casos con grandes defectos óseos en los
que utilizando las técnicas de regeneración tisular más actuales, podamos obtener unos
resultados predecibles y exitosos.
Haciendo un poco de historia, recordaremos que el objetivo final en los inicios
de las técnicas implantológicas no era sino conseguir la estabilización de las
prótesis en la boca del paciente, imposibles de obtener por los métodos hasta entonces
empleados y, en su caso, la rehabilitación dental sin el obligado sacrificio de piezas
sanas.
El desarrollo de las diferentes técnicas nos ha llevado a exigir cada vez más,
tratamientos conducentes a conseguir unos resultados predecibles tanto estética como
funcionalmente.
La consecución de estas exigentes metas en el campo de la implantología
actual, precisa en muchas ocasiones del concurso de tecnicas habitualmente reservadas al
especialista en cirugía bucal; sin embargo el práctico general puede conocer y utilizar
algunas de ellas con el objetivo final de conseguir espacio y masa ósea suficiente como
para llevar a cabo tratamientos estomatológicos, que con las técnicas habituales no nos
serían posibles.
Clásicamente se admite que en presencia de un defecto óseo reciente o
refrescado se origina un crecimiento paralelo y competitivo entre el tejido óseo
remanente y los tejidos blandos adyacentes para ocuparlo. El resultado en la mayoría de
los casos es la aparición de un defecto permanente cubierto por tejido gingival.
Con el fin de modificar este proceso favorablemente, contamos con un arsenal
terapéutico tanto en técnicas como en material, que reconocemos en tres grupos:
El primer grupo lo formarían aquellos materiales tendentes a
aislar el defecto e impedir el crecimiento del tejido conjuntivo hacia el interior del
mismo.
Básicamente se consigue con aposición de membranas (1) fabricadas
convencionalmente con diversos materiales reabsorbibles (2) o no reabsorbibles (3),
rígidas o adaptables, pero que todas persiguen en su caso el impedir que el crecimiento
de los tejidos blandos hacia el interior del defecto ocupen el espacio en el que debe
regenerarse el hueso neoformado.
fig(4)
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fig(5)
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Este tipo de material presenta una serie de ventajas e inconvenientes y, dada su
gran variedad de posibilidades, será el especialista el que decida la utilización más
idónea para cada caso concreto (4 y 5).
A una membrana, deberíamos exigirle no solamente que impida el crecimiento de
los tejidos blandos hacia el defecto, sino que sea inmunológicamente compatible, que sea
barata, fácil de aplicar, que permita un recubrimiento total por la mucosa y encía
adherida y, que no sea posible su exposición.
| Que sepamos solo existe una membrana que reúna todas esas
características y que además es muy barata: El propio periostio. (6). |
fig(6)
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El segundo grupo estaría formado por aquellos materiales
susceptibles de rellenar el defecto
| Para este tipo se han utilizado multitud de productos, pero la discusión
reside, al igual que en el caso de las membranas, en la conveniencia o no de utilizar
materiales permanentes o con capacidad de reabsorción en el tiempo, con el objetivo final
de aportar únicamente volumen, o que además, presenten capacidad osteoconductora, como
son el caso de las hidroxiapatitas liofilizadas (7) con las que pretendemos obtener el
andamiaje suficiente por el que, en teoría discurrirá el neohueso. |
fig(7)
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El problema estriba en que por ese andamiaje, es posible igualmente el
crecimiento de cualquier otro tejido, es por ello por lo que se precisará un estímulo
selectivo que haga crecer exclusivamente material óseo, un inductor de crecimiento óseo.
| El único material reconocido con esas características era hasta épocas
recientes,el hueso de cadáver, que al poseer proteínas precursoras del hueso, podía
inducir su crecimiento. (8). |
fig(8)
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