| La sangre así obtenida se trasvasa a unos tubos estériles que contienen
citrato sódico al 3,8% para evitar la hemocoagulación, centrifugándose a continuación
a 3500 r.p.m. durante 7 min., con el fin de obtener el plasma contenido (fig.4). |
fig(4)
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Con un rotulador marcamos en los tubos la cantidad de plasma y lo dividimos en
tres fracciones.
A continuación y con una pipeta estéril trasvasamos las dos primeras a un tubo
estéril vacío, mientras que la tercera, la más cercana a la serie roja, a un segundo
tubo (fig.5). En ambos casos añadiremos al plasma así diferenciado dos gotas de cloruro
cálcico al 10% por centímetro cubico (fig.6).
fig(5)
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fig(6)
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Durante el pipeteado y separación de las fracciones deberemos ser
exquisitamente cuidadosos de no remover la serie roja sedimentada para evitar la
hemolización del plasma diferenciado. En el caso que esto se produjese, deberíamos
desechar el tubo contaminado.
El primer tubo con las dos primeras fracciones se colocará al baño maría
durante al mínimo 10 15 min., aunque podemos mantenerlo en esta situación durante
el tiempo que reste a la intervención quirúrgica.
| De este primer tubo obtendremos por efecto de la coagulación que se
produce, fibrina autóloga (fig.7), que en su momento podremos utilizar como membrana o
tapón hemostático, dado su gran poder cicatrizante. |
fig(7)
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Del segundo tubo, obtendremos el concentrado de plaquetas necesario. Recordemos
que para la obtención de la mezcla osteogénica del concentrado partimos del triturado
óseo obtenido del paciente (figs.8, 9 y 10), más el material osteoinductor u
ósteoconductor elegido (fig.11), o bien una mezcla de ambos.
Tendremos preparada una batea igualmente estéril donde depositaremos la mezcla
de este preparado (figs.12), al que añadiremos el concentrado de plaquetas que
conservábamos en el segundo tubo. Al extenderse esta mezcla sobre la batea coagulara en
forma de una fina película, evitando así que el material sólido del preparado precipite
(figs.13). Conseguiremos de esta manera tras 5 10 min. a temperatura ambiente, un
coágulo semielástico en forma de película, fácil de manipular (fig.14).
fig(14)
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fig(15)
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Tras la inserción del implante se apone el material, rellenando los defectos y
se cubre todo el periostio sin necesidad de colocar membrana alguna (fig.15), aunque en
algún caso aislado y para asegurarnos el éxito valoraremos su utilización con el único
fin de evitar la dispersión del material de relleno.
| Para este último fin contaremos con la fibrina obtenida del primer tubo,
que en el caso de utilizarse, su forma cilíndrica, modelada por la luz interna del tubo
en el que ha estado contenida, nos facilita su aposición y modelado sobre el defecto y
material de relleno ya colocado, hasta que quede convertida en una membrana compacta de
color blanquecino y de gran resistencia (fig.16). |
fig(16)
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Como vemos con este método obtenemos por un lado, un entramado autólogo con
gran capacidad regenerativa y una membrana, obtenida de igual manera del mismo material
genético que el paciente al que tratamos.
Consecuencia: El material ideal para cualquier tipo de regeneración tisular.
A los tres meses de la intervención exponemos nuevamente el campo durante la
2ª cirugía, descubriendo un hueso maduro y sangrante.
La diferencia con el estadio inicial es evidente (figs. 17 y 18).
fig(17)
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fig(18)
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